A MI MADRE
Dicen que nuestros padres son nuestra referencia en la vida. Y es cierto: ellos nos dan la vida y, en circunstancias normales, nos educan hasta que volamos del nido. Es por este motivo que, si he de pensar en una mujer que ha marcado mi vida, esa sea mi madre. Una madre con la que guardo un gran parecido físico y, sin embargo, grandes diferencias de carácter: mi madre es caos, duda y anarquía, y yo soy claridad en las ideas. Mi madre es perfeccionismo en sus actos, y yo soy —como diríamos en valenciano— a reu , o sea, un tanto «dejada». Destaco su alegría de vivir, a pesar de las circunstancias; un optimismo maravilloso que la ha ayudado a ser feliz aun cuando las adversidades arreciaban. Una felicidad basada en las cosas peque-ñas, en una canción, un paseo junto al mar o un pu-ñado de flores silvestres. Exigente hasta lo enfermizo, generosa y derro-chando siempre simpatía a raudales. Crecer a su lado me ha hecho aprender estas conducta...